Capítulo 21

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Aquella noche Marlowe tiene un sueño atroz. Sueña que está con algunos miembros de su familia sobre un puente peatonal a varios metros de altura. Marlowe no logra identificar la ciudad en la cual ocurre el sueño. De repente, alguien cae del puente, al parecer una de sus tías, sin que nadie pueda ayudarla y su cuerpo se destroza contra el pavimento. Un rato después es su abuela la que se acerca demasiado al borde del puente. Marlowe intenta sujetarla pero no lo consigue. Ella también cae y Marlowe ve como su rostro se desfigura al golpear el pavimento sobre la calle. De repente el sueño cambia de lugar y ahora se desarrolla en medio a una fiesta. Marlowe está tocando la trompeta aunque es consciente de que no sabe tocar. Llega un hombre preguntando por las personas que cayeron del puente. Alguien le explica lo sucedido y el hombre se va preocupado. Luego Marlowe se acerca a su padre y le dice que hay que avisarle a su madre sobre la muerte de la abuela. Su padre le dice que no, que todavía no es el momento adecuado y le indica su lugar en el grupo para que siga tocando la trompeta. En ese momento Marlowe se despierta sobresaltado.

cap-21Después de tomar un café, sale de su apartamento y conduce hasta la estación de policía. “Marlowe…”, dice Alicia al verlo entrar. “Sí, ya sé, ¿dónde está?”. Alicia le señala una sala hacia el fondo del corredor. En la sala el capitán Ramírez, parado frente a un grupo de detectives que lo escuchan desde sus asientos, está señalando una foto ampliada de De Quincey. “Este es nuestro principal sospechoso”, está diciendo Ramírez, “profesor de filosofía de la Universidad Central, colaborador del diario El espacio. Y, al parecer, loco de remate”. Algunas risas se escuchan desde el fondo de la sala. “Quiero agentes 24 horas vigilando su casa, la universidad y las oficinas del diario. Quiero que revisen todos los hoteles, posadas y malditos antros de la ciudad. Utilicen todos los recursos que tengan para encontrarlo. Interroguen a sus alumnos, a sus colegas, a sus vecinos. A partir de este momento quiero que sea la prioridad del departamento. ¿Entendido?”. “Entendido”, dicen algunos, al tiempo que se levantan apresuradamente de sus sillas y van saliendo de la sala.

“Capitán”, dice Marlowe acercándose. “Pero vean quién aparece”, dice Ramírez irónico. “El mejor detective de California. ¿Se puede saber dónde diablos se había metido?”. “He estado investigando. Hablando con los involucrados en el caso…” “¿Y es que ahora es cap-21-1aficionado a la metempsicosis, agente Marlowe? ¡Porque yo sólo veo muertos y muertos importantes por todos lados, mientras mi reputación se va yendo cada vez más al carajo! ¿Al menos tiene alguna idea del paradero de este De Quincey?”. “Creo que tengo una pista. Sin embargo…”. “¿Sin embargo qué?”. “No estoy seguro que sea el asesino que estamos buscando”. “Marlowe, no me venga ahora con teorías detectivescas. No tengo tiempo para perder. Salga de aquí y busque a este tipo. Sus horas en la policía están contadas, así que tráigame buenas noticias”. El capitán sale de la sala sin darle tiempo a Marlowe de decir nada más.

“Alicia, averíguame todo lo que puedas sobre la señora Marta Braun”, dice Marlowe, mientras se dirige hacia los ascensores del edificio. “¿La esposa de Zubiría?”. “La misma”. “¿Y para dónde vas con tanta prisa?”. “A leer a la biblioteca”.

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Capítulo 20

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Una hora más tarde la casa de Cardoso está llena de policías y periodistas. El caso del filósofo asesino, como ha empezado a ser llamado, ha captado la atención del público como hace tiempo no sucedía. Tal vez desde el asesinato del estudiante Colmenares, que aún seguía sin ser esclarecido. El público, siempre ávido de escándalos y crímenes atroces o enigmáticos se lanzaba a las tiendas para comprar el diario, se precipitaba frente a los televisores o prendía el radio para acompañar las últimas noticias del caso, como si se tratara de un folletín del siglo XIX.

cap-20Marlowe conversa con Estévez en el estudio de Cardoso. Un cuarto amplio repleto de estantes con libros y esculturas. Hay una inmensa columna circular en el centro y una escalera lateral en forma de caracol que lleva a un segundo piso donde hay más estantes con libros y un pequeño escritorio de madera. Un gran ventanal de vidrio da hacia un jardín interior donde los árboles se agitan con el viento y la lluvia que ha empezado a caer con fuerza desde hace algunos minutos. “¿Cuándo crees que fue asesinado?”, dice Marlowe. “Aún no podría decirte con precisión, pero sin duda hace más de 24 horas”. “Lo mataron antes que a la abogada”. “Con certeza”. Marlowe se queda pensativo un instante mirando hacia el jardín. “Esto te dice algo”, dice Marlowe de improviso mostrándole la página de su libreta donde había anotado la combinación escrita en el cuerpo de Alcaba. Estévez sujeta el papel por algunos segundos. Después levanta la mirada hacia los estantes de libros y una sonrisa se dibuja en su semblante. “¿Qué es tan gracioso?”, dice Marlowe. “Es un libro”, dice Estévez. “¿Cómo así?”. “Es la numeración de un libro de alguna biblioteca. Mira”. Estévez se acerca a uno de los estantes y saca un libro al azar. Mira la numeración”. “Sí, coincide perfectamente. Pero puede ser de cualquier biblioteca”. “Bueno, yo empezaría por la Biblioteca Arango. Parece que el asesino quiere que leas ese libro.” “Espero que sea bueno”, dice Marlowe.cap-20-1

Marlowe camina hacia la salida de la casa donde ha dejado su auto. Cerca al portón de hierro se cruza con el periodista que había golpeado con el micrófono y que ahora lleva una venda blanca sobre la nariz. “Buenas noches, detective”, dice el periodista, un poco nervioso. Marlowe lo mira fijamente pero no le devuelve el saludo. Sube en su auto y arranca a toda velocidad por la carretera destapada hacia la autopista.

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Capítulo 19

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Marlowe conduce por la autopista norte hacia las afueras de la ciudad. En el radio suena Misty de Stan Getz. Hay una brisa suave que parece anunciar nuevamente la lluvia. No hay muchos autos, así que el viejo Impala de Marlowe, se desplaza sin obstáculos a casi 100 kilómetros por hora. “Si a Eliseo lo mataron para que no denunciara las actividades del grupo”, piensa Marlowe, “¿por qué asesinar a los otros miembros? Quizás el asesino no se sintió seguro y no quería dejar ninguna pista que pudiera vincularlo a la sociedad. Pero en ese caso De Quincey seria el menos preocupado con su divulgación pública. Al fin y al cabo su reputación no era para nada intachable. ¿Y si Flora no está diciendo toda la verdad?”.

cap 19 (1)Marlowe continúa dándole vueltas al caso en su cabeza mientras maneja. Algunas gotas han comenzado a caer sobre el parabrisas. Ahora es Wes Montgomery en el radio interpretando Impressions. Al pasar el puente sobre Chía, Marlowe observa el papel que le ha dado Flora y se interna por una carretera paralela hacia la derecha, en el sentido de los cerros. La vía no está pavimentada y la oscuridad se vuelve cada vez más densa. Algunas casas que aparecen a lado y lado de la vía a intervalos irregulares, iluminan momentáneamente la ruta, pero después todo vuelve a quedar oscuro, como si el auto se estuviera internando por un inmenso agujero negro.

Después de avanzar dos kilómetros, Marlowe detiene el auto frente al portón con el número 79. Hay un timbre al costado izquierdo que Marlowe aprieta algunas veces, sin que haya respuesta. El silencio del lugar sólo es interrumpido por el canto de algunas ranas y cigarras a lo lejos. Marlowe empuja el portón pero está cerrado. Sube sobre el auto y, apoyándose contra la parte superior del portón, da un salto hacia el otro lado. Al caer el peso de su cuerpo hace que su rodilla izquierda se doble por completo causándole un dolor intenso y haciéndolo rodar por el piso húmedo. Pasan algunos minutos antes que Marlowe consiga levantarse y empiece a caminar con dificultad hacia la casa.

Frente a la entrada hay una fuente de piedra en forma de círculo con una esculturacap 19 abstracta de hierro de más o menos un metro de altura. La escultura tiene la forma de un rectángulo y en la parte superior hay un círculo de hierro que parece flotar en el aire. En la casa se ven algunas luces encendidas. Es una casa grande de dos pisos. Las paredes del frente son de ladrillo a la vista con enormes ventanales de vidrio. El poco reflejo de las luces no permite ver si hay alguien en su interior. Marlowe se aproxima a la puerta principal y se da cuenta que está entreabierta. Saca su pistola y le quita el seguro. Adentro todo está en perfecto orden, como si la casa hubiera sido recién limpiada y ordenada. Inclusive el cuerpo de Cardoso, que cuelga amarrado con una soga al cuello desde el segundo piso y que se balancea suavemente frente a un inmenso cuadro abstracto, parece parte de la decoración del lugar. Un poco a la derecha el cuerpo de su empleada doméstica descansa sobre las escaleras de mármol y completa el siniestro espectáculo bajo una luz mortecina.

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Conferencia Williams – Tercera Parte

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(Escuche aquí la narración del capítulo)

“Antes de pasar al análisis del caso específico que quiero compartir con ustedes esta noche déjenme agregar tan solo algunas cuestiones finales de carácter general sobre el arte del asesinato. Hemos querido acercar el arte del asesinato a otras artes liberales como pueden ser la tragedia y la pintura, en el sentido en que puede ser contemplado también desde un punto de vista puramente estético y posee en su naturaleza esencial la misma búsqueda por purgar el corazón por medio de la piedad y el terror. Sin embargo, vale la pena subrayar algunas diferencias que hacen con que el arte del asesinato posea un elemento adicional de estudio Marlow (1)talento y virtuosismo. Si el pintor debe lidiar con la quietud y excesiva parsimonia de sus modelos, para el asesino surgirán complicaciones de diversa índole. Las personas suelen negarse a que corten sus gargantas de forma tranquila y armónica. Generalmente intentarán correr, dar puntapiés, gritar efusivamente o incluso morder la mano del artista. [Se escuchan nuevamente algunas risas apagadas en la sala. El profesor intenta levantarse de su silla pero su esposa lo sujeta del brazo y hace que se siente de nuevo]. Estas condiciones adversas hacen realmente necesario un talento muy especial, que sepa usar las dificultades como un incentivo para el perfeccionamiento de su propia obra. En no pocas ocasiones el artista debe enfrentar giros totalmente inesperados durante la ejecución de sus piezas: un cuchillo que brilla en la oscuridad, un boxeador retirado, un niño extremadamente ágil. Algunos talentos maravillosos se han perdido en esta clase de situaciones adversas dejando para la historia aquella pregunta inevitable: ¿hasta dónde habría podido llegar el artista de no haber sido interrumpido en la cumbre de su talento?” [La oradora hace un silencio teatral, como si esperara alguna respuesta del público. Algunos miembros de la sociedad asienten levemente con la cabeza. Otros se quedan pensativos por algunosestudio Marlow segundos]. “Especulaciones aparte, no puedo dejar de mencionar que el verdadero asesinato como una de las bellas artes debe carecer por completo de motivaciones lucrativas o partidarias. Cuando un bello asesinato se mezcla con este tipo de motivaciones pueriles no hay duda que pierde la mayor parte de su valor estético. Podemos aún avaluar sus cualidades intrínsecas, la destreza en su ejecución, su impacto en la tradición histórica, pero el animus asesino estará inevitablemente corrompido. El arte por el arte, damas y caballeros, debería ser también el lema del verdadero artista del asesinato.”

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Capítulo 18

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(Escuche aquí la narración del capítulo)

La calle 82 atraviesa la zona rosa. Rodeada de bares, restaurantes y centros comerciales, en las noches concentra buena parte de la actividad social de la ciudad. A la altura de la carrera novena, un tanto alejada del ruido de los bares y discotecas, una vieja casa de dos pisos alberga la Librería Bucholz.

Después de estacionar, Marlowe entra a la librería y sube unas escaleras en forma de caracol que conducen al café en el segundo piso. Desde lo alto de las escaleras Marlowe observa las filas de estantes llenos de libros y algunas personas que los hojean descuidadamente, entre ellas dos hombres de saco y corbata que parecen más preocupados por vigilar la puerta principal de la librería que por el destino de la literatura contemporánea. En una de las mesas del fondo del café hay una mujer sola, elegantemente vestida. Marlowe se dirige directamente hacia su mesa.

cap 18Flora Suskind debe tener unos 55 años, aunque aparenta tener menos. Su piel es brillante y de color canela, como si acabara de volver de unas vacaciones en la playa. Es más delgada de lo que Marlowe recordaba. Tiene las cejas pobladas y juntas, la nariz recta y alargada y labios finos. “¿Quiere tomar algo, detective?”. “Un café estaría bien”. Flora le hace una señal al mesero que de inmediato desaparece atrás de una puerta de madera. Sólo hay otra mesa ocupada donde un hombre viejo escribe concentrado en un cuaderno de tapa oscura. “Es Chandler, el escritor”, dice Flora mirando hacia la otra mesa. “No leo mucho últimamente”, dice Marlowe. “Bueno, no importa”. El mesero coloca una taza de café frente a Marlowe y después vuelve a desaparecer atrás de la puerta.

“¿Quería hablar conmigo?”, dice Marlowe, después de darle un sorbo largo a su taza de café. “Detective, lo que voy a decirle ahora no lo sostendré en ningún otro momento. Espero que me entienda. Sólo lo hago porque creo que mi vida está en riesgo”. “No se preocupe, la entiendo”. “Como usted ya debe imaginar, los asesinatos de los últimos días, no son casos aislados”. “Tenía la vaga intuición”. “Veo que no ha perdido el sentido del humor, me alegro”. “En este país es nuestra única defensa”. “Estoy de acuerdo”, dice Flora con una sonrisa. “Zubiría, Laura, el Coronel Fernández, se conocían y yo los conocía a ellos. Hacíamos parte de un grupo, de una cofradía…”. “¿El Club del Fuego del Infierno?”, dice Marlowe. “Ha estado investigando”, dice Flora un poco sorprendida. “Pensé que era una broma de intelectuales ricos y desocupados”. “Touché”, dice Flora, “algo por el estilo. O por lo menos eso creíamos hasta que comenzaron las muertes”. “¿Y cuál era el objetivo del grupo exactamente?”. “Bien, creo que esto no sorprenderá a un detective de homicidios. El grupo reúne a aficionados, conocedores del arte del asesinato, personas cultas que estudian el cap 18 (1)asesinato: sus diversas formas, métodos, historia…”. Marlowe la mira fijamente a los ojos. “Detective, encaramos el asesinato desde un punto de vista estético, no desde un punto de vista moral. No planeamos, ni queremos la muerte de ningún ser humano, analizamos hechos consumados que están ahí como una obra de arte, como una pintura o una novela. Ninguno de nosotros es… o era un asesino”. “¿De Quincey hacía parte del grupo?”. “Más que eso, De Quincey es uno de los miembros fundadores, uno de los mayores conocedores del tema y defensor intelectual del asesinato considerado como una de las bellas artes.” “Pero no un asesino”, dice Marlowe. “Me cuesta creerlo, pero en este momento no estoy segura de nada”. “¿Y Zubiría?”. “Ah, Eliseo nunca debió entrar al grupo. Comenzó a frecuentarlo en compañía de su esposa, más por curiosidad que por verdadera afinidad, como nos dimos cuenta después. Tras las primeras reuniones comenzó a atacarnos, a decir que lo que hacíamos era inmoral y peligroso y amenazó con poner al descubierto las actividades del grupo”. “Algo que no sería nada agradable para importantes figuras públicas”. “Exacto. Decidimos terminar con las reuniones para no correr el riesgo.” “¿Cuándo fue eso?”. “Hace más o menos un año”. “¿La señora Braun también hacía parte del Club?”. “Sí, era un miembro antiguo de la cofradía desde sus años en Berlín”. “Ah, así que el grupo es internacional”. “Tiene una larga tradición detective, en varios países”. “El Club Rotario de Asesinatos”, dice Marlowe irónico. “¿Quién más cap 18 (3)hacía parte del grupo?”. “A eso precisamente quería llegar. Mi buen amigo Oscar Cardoso.” “¿Cardoso, el arquitecto?”. “Sí, llevo varios días tratando de comunicarme con él y no lo consigo. No atiende su celular, ni el teléfono fijo, no responde los mails. Nadie lo ha visto recientemente”. “¿Dónde vive?”. “En una casa de campo a las afueras de Chía. Esta es la indicación para llegar”. Flora le pasa un pequeño papel blanco con un mapa. “¿Por qué decidió contar todo esto ahora?”. “Tengo miedo, detective. Ando todo el día con escoltas. Cualquier movimiento me parece sospechoso. No puedo dormir. Quiero que esto termine, que se capture al responsable. Quiero volver a vivir en paz”. La voz de Flora se quiebra un poco antes de terminar la frase. “Por ahora le recomiendo que tenga mucho cuidado. Llámeme si ve algo sospechoso”, dice Marlowe mientras le pasa una tarjeta. “Lo haré detective”, dice Flora recuperando la firmeza de su voz. “Gracias por su ayuda.”

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Capítulo 17

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(Escuche aquí la narración del capítulo)

La lluvia ha disminuido considerablemente pero no se detiene del todo. “Bogotá es una ciudad acuática”, piensa Marlowe mientras conduce su auto por la avenida séptima hacia el centro. En el radio hablan del asesinato de la abogada Alcaba. Algunos periodistas especulan sobre una posible conspiración en contra del gobierno. Alcaba era reconocida por su cercanía con el Secretario Privado de la Presidencia y había apoyado diversos proyectos de ley propuestos por el actual Ministro del Interior. Entre ellos, una dura ley antiterrorista que parecía retroceder en la historia hasta los tiempos de la Guerra Fría.

cap 17Marlowe cambia la estación y deja una emisora de jazz donde Charlie Parker está tocando All the things you are. Esa música le trae recuerdos de su juventud en Santa Rosa, California. La imagen es la de un grupo de jóvenes sentados en una mesa de bar, riendo y conversando. Al lado de Marlowe hay una mujer de pelo negro, piel clara y ojos verdes. Están tomados de la mano y a cada cierto tiempo se lanzan miradas de complicidad. La mente de Marlowe se pierde en el recuerdo de aquella mirada y una sensación de bienestar se apodera de su espíritu. Pero esto sólo dura algunos segundos antes que su celular timbre de nuevo haciendo que Marlowe maldiga su suerte de mil maneras distintas y en por lo menos dos idiomas.

“Aló”, dice Marlowe en tono seco. “Agente Marlowe, usted no me conoce personalmente, mi nombre es Flora Suskind. Necesito hablar con usted… Es sobre el caso de Eliseo Zubiría.” “¿Dónde puedo encontrarla?”. “Veámonos en el Café de la Librería Bucholz de la calle 82, en una hora”. “Estaré ahí”, dice Marlowe.cap 17 (1)

“Suskind, Suskind”, Marlowe trata de recordar dónde ha escuchado antes ese apellido. Marca un número de teléfono. “Alicia, antes de cualquier cosa, averíguame quien es Flora Suskind”. “¡Marlowe! el jefe te anda buscando como loco. ¿Cuándo vienes a la oficina?”. “Más tarde o mañana temprano, no se te olvide lo de Suskind”. “No tengo que averiguar nada, es una mujer famosa, ¿no ves televisión?”. “¿Ah, si?”. “Es la dueña de la revista Opinión, y tiene un programa de entrevistas en el canal 11”. Ahora Marlowe sabe por qué su nombre se le hacía tan familiar. ¿Pero qué puede tener que ver con el caso de Zubiría?

cap 17 (2)

Capítulo 16

cap 16

(Escuche aquí la narración del capítulo)

Recostado en el sofá Marlowe sostiene una bolsa de hielo contra el mentón mientras con la otra mano mantiene en el aire un pequeño libro de poemas. Un verso se le ha quedado grabado en la mente sin saber muy bien por qué: “The disturbed eyes rise,/ furtive, foiled, dissatisfied/ from meditation on the true/ and insignificant.” Marlowe lee varias veces el verso como si las palabras del poeta estuvieran dirigidas directamente a él. “True and insignificant”, repite. “True and insignificant”…

El sonido del teléfono celular interrumpe los pensamientos de Marlowe. “¿Y ahora qué?”, piensa, antes de responder. “¿Agente Marlowe?”, dice una voz del otro lado, “soy el agente Rodríguez de Inteligencia, tengo en mis manos un mensaje dirigido al señor.” “¿Qué tipo de mensaje?”. “El tipo de mensaje que se deja en el cuerpo de una mujer asesinada.”

cap 16

El edificio de la Corte Suprema está ubicado sobre la avenida séptima, frente a una pequeña plazoleta con la estatua del Libertador y un conjunto de placas de metal que exhiben fotos antiguas de la ciudad. Es un edificio moderno, de 20 pisos. La fachada está cubierta por un vidrio oscuro que refleja las luces de los edificios contiguos y las lámparas y semáforos de la avenida. En el piso 17, al lado de un amplio escritorio de caoba, yace el cuerpo sin vida de la abogada Laura Alcaba. Una mujer de unos 45 años, de tez morena, delgada, de pelo negro y nariz pequeña y achatada. Lleva un vestido de color gris oscuro y a no ser por el rictus extraño que domina su rostro y la rigidez de sus miembros, podría pensarse que está a punto de salir a una fiesta.

Las marcas moradas a ambos lados de su cuello no dejan muchas dudas sobre las causas de la muerte. Un poco más abajo, justo donde termina el escote de su vestido, está escrito con tinta roja el nombre de Marlowe y una combinación de números y letras. “Los vigilantes dicen que la abogada entró con alguien pero no notaron nada sospechoso”, dice el agente Rodríguez. Rodríguez es un hombre joven, de unos 30 o 35 años, blanco, de ojos negros y grandes que parecen a punto de salirse de sus órbitas. “¿Hombre o mujer?”, pregunta Marlowe. “No están seguros”. “¿Y la cámara?”, dice Marlowe señalando una esquina del techo. “La desconectaron”.

Marlowe se acerca al cadáver y observa detenidamente aquella combinación de signos. cap 16 (1)“¿Alguna idea?”, dice el agente Rodríguez. “Ninguna”. “Puede ser de un cofre de seguridad”. “Puede ser”, dice Marlowe, desconfiado. “¿Tiene que ver con el caso del filósofo?”, dice Rodríguez de improviso. Marlowe lo observa de reojo. “Todo el mundo está hablando del caso.” Rodríguez habla con mucha propiedad, como alguien muy seguro de sí mismo, un tipo de actitud que Marlowe detesta. “Gracias por llamarme, agente”, dice Marlowe incorporándose y cortando la conversación. “Si encuentran algo más, le pido que me informe”. “Claro, colega”, dice Rodríguez estirando la mano hacía Marlowe. Marlowe duda un momento pero finalmente le aprieta la mano sin mucha convicción.

Antes de salir del edificio, Marlowe anota la combinación en su libreta y vuelve a guardarla en el bolsillo. Afuera una masa compacta de periodistas y curiosos se amontonan contra la cinta de seguridad, atrás de varios policías que custodian la entrada. “¡Detective, detective! ¿Alguna pista sobre el asesino?”, grita una periodista cuando ve salir a Marlowe. “¿Se trata de algún complot contra el gobierno?”. “¿Algún grupo se adjudica el hecho?”. Marlowe continúa caminando pausadamente hacia su auto sin mirar hacia el lugar donde están los periodistas. “El tipo ni sabe español, cómo va a resolver el caso”, dice uno de ellos y los demás ríen. Marlowe se devuelve, se acerca lentamente donde el periodista que habló y lo llama con el dedo. El hombre le acerca el micrófono pensando que Marlowe va a decir algo, pero Marlowe le da un puño seco al micrófono hacia arriba golpeando al periodista en la boca y la nariz que empieza a sangrar a borbotones.

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