Conferencia Williams – Cuarta Parte

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Imágenes de María Jimena Herrera

“Ahora, si me lo permiten, quisiera pasar a la última parte de esta conferencia y analizar con algún grado de detalle un nuevo caso para agregar a los anales de nuestra sociedad. [Antes de continuar la oradora bebe un largo trago de su copa de vino y después se limpia los labios con un pañuelo blanco]. “Tal vez no sea del todo desconocido para los presentes el nombre de Carlos Emilio Hoffman.” [Algunos miembros de la sociedad intercambian miradas de curiosidad. Tan solo el Coronel, sentado en medio de la sala, asiente en silencio]. Misteriosamente su caso no llegó nunca a las primeras páginas de los diarios, Imprimirpero fue registrado por algunos historiadores y conocedores del campo del asesinato. La mayoría de datos que he podido recopilar sobre el caso provienen de la obra del historiador chileno Roberto Avalos, titulada Historia del nazismo en América, que contiene un capítulo dedicado a Hoffman. De esta forma podemos saber que nació en Santiago de Chile en 1950. Probablemente tuvo una infancia feliz y tranquila. Su padre era oficial del ejército y su madre profesora de escuela. Al parecer demostró alguna tendencia hacia el mundo del arte desde los años de la adolescencia. Escribió algunos poemas y le gustaba experimentar con la cámara fotográfica de su padre. Sin embargo, el destino del joven Hoffman estaba decidido de antemano. Se daba como hecho que debía seguir la carrera de su padre. Entró a la escuela de aviación del ejército a los 17 años y rápidamente demostró ser un piloto excepcional y un soldado disciplinado y eficiente. En una carrera siempre ascendiente y meritoria llegó al rango de Teniente. Y tenía este rango cuando se manifestó en su máxima expresión la singularidad de su arte. Corrían en ese momento, mediados de la década del 70, años nebulosos en la historia del país austral. Sin lugar a dudas, un periodo excepcional para el surgimiento de talentos como el suyo. Las primeras intervenciones artísticas de Hoffman consistieron en una serie de poemas escritos en el aire con el humo de su avión. Pese a que los poemas fueron considerados excesivamente vanguardistas y algo extraños pues se alejaban Imprimirestilísticamente de la línea principal de la tradición poética chilena, en especial de la poesía de Neruda y de Gabriela Mistral y parecían contener algún tipo de mensaje cifrado, nadie le prestó demasiada atención, al menos en principio. Lo que si llamó la atención del público y de sus superiores fue la exposición fotográfica realizada por Hoffman en una casa del centro de Santiago a finales de 1974. Arriesgada exposición que puso de relieve el enorme talento de nuestro artista pero que, al mismo tiempo, lo llevó a ser perseguido y censurado. La exposición consistía en una serie de fotografías pegadas en todas las paredes de un cuarto no muy amplio donde se mostraban diversas partes de cuerpos amputados y aún con restos de sangre. La serie de fotografías al parecer seguía una línea cronológica que en conjunto trazaba una especie de “cartografía del horror” como bien la definió el historiador Avalos… [Antes de terminar la frase el profesor se levanta ruidosamente de su silla y levanta el puño derecho. “¡Esto no pude continuar!” grita. Su mujer trata de calmarlo y le pide que vuelva a sentarse, pero el profesor esta demasiado indignado. La piel de su rostro se ha puesto roja y se ven algunas venas irritadas a ambos lados de su cuello. “¡No puede continuar!” vuelve a gritar cerca de la puerta. Los demás miembros de la sociedad observan la escena en silencio e imperturbables. La mujer del profesor da una última mirada a la sala y hace un leve gesto de disculpa antes de desaparecer atrás de la puerta de madera.] “Sigamos, queridos colegas, mi charla se encuentra cerca de terminar. Algunas de las fotografías expuestas por Hoffman muestran rostros de hombres y mujeres con expresiones ambiguas, que dejan muchas dudas sobre su estado en el momento en que fueron tomadas. Avalos sugiere que las fotografías fueron Imprimirtomadas cuando estas personas aún estaban con vida pero con sus miembros amputados. Las fotografías fueron retiradas por miembros del servicio secreto y Hoffman fue apartado del ejército. Avalos parece haber identificado algunas obras posteriores de Hoffman. Una obra de teatro donde se describían con exceso de detalles largas jornadas de tortura y una serie de poemas visuales que reproducían máquinas y elementos usados en el pasado para torturar, mezclados con eslóganes fascistas. Se dice que una de las formas en que Hoffman asesinaba a sus víctimas – casi todas ellas poetas o aficionadas a la poesía – era obligándolas a recitar el poema que más les gustaba antes de asfixiarlos usando una bolsa roja de plástico, lo que recuerda, como ustedes ya deben estar pensando, el método usado por los señores Burke y Hare. No se supo nada más de Hoffman después del año 78. Algunos afirman que emigró a Europa, otros creen haberlo visto a las afueras de un pequeño pueblo al norte del desierto de Atacama. Lo cierto es que Hoffman desapareció, dejando no obstante, valiosas piezas destinadas a integrar el patrimonio histórico del asesinato considerado como una de las bellas artes… Estas son, queridos colegas, las impresiones que quería compartir con ustedes esta noche. Les agradezco su atención y ahora podríamos abrir el debate para sus comentarios y observaciones. Muchas gracias” [Todos los presentes aplauden de manera efusiva].

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