Capítulo 22

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La Biblioteca Arango ocupa una manzana entera entre las calles octava y novena y entre las carreras cuarta y quinta. Es una de las mayores bibliotecas de la ciudad. Tiene varios cafés, librerías, salas de música y exposiciones. Diariamente es visitada por miles de lectores, estudiantes, investigadores y otros desocupados que van a pasar las horas en sus amplias salas de lectura observando la ciudad que se extiende hacia abajo en una sucesión de feos edificios grises y algunas casas de techos bajos.

Marlowe escribe el código en uno de los computadores del primer piso. Después de algunos segundos en la pantalla del computador aparece un título que no le es desconocido: Del asesinato considerado como una de las bellas artes. Autor: Thomas De Quincey. Marlowe da un click sobre el nombre del autor y aparecen otros títulos en la pantalla: Los últimos días de Emmanuel Kant, Lógica de economía política y Confesiones de un comedor de opio. Marlowe pide también este último. Sube por unas escaleras eléctricas hasta el segundo piso y después en ascensor hasta el quinto. Se acomoda en una de las mesas de madera y espera que el código de los libros aparezca en unas inmensas pantallas digitales hacia un costado del balcón de recepción.

Mientras espera Marlowe piensa en la posibilidad de volver a su país. Hace algunos días cap-22que algo parecido a la nostalgia lo invade por intensas ráfagas. Pero ¿para qué volver?, piensa, ¿para enfrentar de nuevo un pasado doloroso, para seguir estando solo? Aparte de dos o tres grandes amigos, en su país no hay nadie a quien Marlowe realmente quiera volver a ver. Su familia ya no existe, su ex-mujer lo odia. Y su hijo… En ese momento los números de los libros de Marlowe aparecen titilando en la pantalla. Marlowe se levanta, los toma y vuelve a su mesa.

Comienza por echarle una mirada al libro sobre el asesinato. Rápidamente descubre en sus páginas descripciones muy parecidas a los crímenes de los últimos días. En la página 25 referencia a los asesinatos de los sicarios Judíos. En la página 38 referencias al asesinato del Rey de Suecia: “como encerrado en un paréntesis en el interior de una guerra”. En la página 52, referencia al martillo naval usado por John Peterson en el asesinato de la familia Mars en Londres en 1812. Las iniciales J.P. inscritas en el mazo usado para asesinar al estudiante de la Universidad Central. “Todo se encaja demasiado bien”, piensa Marlowe.

Cierra el libro sobre el asesinato y abre el otro: Confesiones de un comedor de opio. En las primeras páginas Marlowe encuentra un relato autobiográfico muy detallado sobre la cap-22-1infancia y adolescencia del propio De Quincey en Londres y sobre las posibles razones que lo habrían llevado al consumo de la droga. La segunda parte, mucho más corta que la primera está centrada en sus experiencias con el opio en Londres, en París y en Bogotá. Marlowe se deja envolver por la descripción de los estados, sensaciones e imágenes alucinadas producidas por la droga. Más adelante en el relato encuentra el nombre y la descripción de un lugar en el centro de Bogotá donde se reúnen los opiómanos y que le parece haber visto algunas veces en sus caminatas nocturnas. Marlowe anota los datos en su libreta, cierra el libro y se dirige hacia la salida de la biblioteca.

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