Capítulo 20

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Una hora más tarde la casa de Cardoso está llena de policías y periodistas. El caso del filósofo asesino, como ha empezado a ser llamado, ha captado la atención del público como hace tiempo no sucedía. Tal vez desde el asesinato del estudiante Colmenares, que aún seguía sin ser esclarecido. El público, siempre ávido de escándalos y crímenes atroces o enigmáticos se lanzaba a las tiendas para comprar el diario, se precipitaba frente a los televisores o prendía el radio para acompañar las últimas noticias del caso, como si se tratara de un folletín del siglo XIX.

cap-20Marlowe conversa con Estévez en el estudio de Cardoso. Un cuarto amplio repleto de estantes con libros y esculturas. Hay una inmensa columna circular en el centro y una escalera lateral en forma de caracol que lleva a un segundo piso donde hay más estantes con libros y un pequeño escritorio de madera. Un gran ventanal de vidrio da hacia un jardín interior donde los árboles se agitan con el viento y la lluvia que ha empezado a caer con fuerza desde hace algunos minutos. “¿Cuándo crees que fue asesinado?”, dice Marlowe. “Aún no podría decirte con precisión, pero sin duda hace más de 24 horas”. “Lo mataron antes que a la abogada”. “Con certeza”. Marlowe se queda pensativo un instante mirando hacia el jardín. “Esto te dice algo”, dice Marlowe de improviso mostrándole la página de su libreta donde había anotado la combinación escrita en el cuerpo de Alcaba. Estévez sujeta el papel por algunos segundos. Después levanta la mirada hacia los estantes de libros y una sonrisa se dibuja en su semblante. “¿Qué es tan gracioso?”, dice Marlowe. “Es un libro”, dice Estévez. “¿Cómo así?”. “Es la numeración de un libro de alguna biblioteca. Mira”. Estévez se acerca a uno de los estantes y saca un libro al azar. Mira la numeración”. “Sí, coincide perfectamente. Pero puede ser de cualquier biblioteca”. “Bueno, yo empezaría por la Biblioteca Arango. Parece que el asesino quiere que leas ese libro.” “Espero que sea bueno”, dice Marlowe.cap-20-1

Marlowe camina hacia la salida de la casa donde ha dejado su auto. Cerca al portón de hierro se cruza con el periodista que había golpeado con el micrófono y que ahora lleva una venda blanca sobre la nariz. “Buenas noches, detective”, dice el periodista, un poco nervioso. Marlowe lo mira fijamente pero no le devuelve el saludo. Sube en su auto y arranca a toda velocidad por la carretera destapada hacia la autopista.

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